Día 94: Nora (Ångermanland, Suecia)

Día 94: Nora (Ångermanland, Suecia)

Posted by on jul 2, 2014 in Atando Cabos | 2 comments

Un día más, saludos desde Suecia, el país del tiempo inestable. Esto es un infierno, ya no sentimos las piernas; y no sólo por las cuestas y las carreteras de grava, sino porque aquí sales en bañador de nadar en un lago y te pones el mono de piloto de aeroplanos para capear una tormenta. Claro, que luego disfrutas de vistas como esta:

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Desde Sundsvall venimos siguiendo, más o menos, la Cykelspåret (léase saiquelsporet), ruta ciclista que bordea, también más o menos, el Golfo de Botnia. Según una reseña que tenemos, el paisaje aquí debería ser llano, pero esta tarde, con las piernas ardiendo, hemos decidido acortar un poco y cruzar la desembocadura del Ångermanälven por el högakustenbrun, el magnífico puente de la costa alta:

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La estructura más alta de Suecia, con dos pilares de 180m sobre el agua, tiene una luz de 1.210m y una longitud total de 1.800, siendo parte de un megaproyecto que incluye otros treinta puentes. Hacer fotos desde él ha sido imposible debido al intenso tráfico, pero la sensación de volar sobre el tremendo estuario es de las que no se pueden explicar.

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Y nada más, después de la paliza correspondiente, y de habernos gastado los cinco pavos que nos cuesta el Internete móvil para contárosla, nos vamos a dormir, ya casi bajo el sol de medianoche ¡Felices sueños!

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Día 93: Sundsvall (Suecia), junto al mar Báltico.

Día 93: Sundsvall (Suecia), junto al mar Báltico.

Posted by on jul 1, 2014 in Atando Cabos | 3 comments

Día de subir dos entradas pendientes al blog y día en el que le damos la vuelta al mapa de Suecia que llevamos, con medio país por cada lado. Y día en el que por fin vemos un rayo de sol entre las nubes, que no han dejado de acompañarnos en los últimos ocho días.

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A partir de aquí nos espera la costa durante unos 1.000 kilómetros, supuestamente llanos. Con que no sean como las colinas que acabamos de cruzar, nos conformamos.

Hemos aprovechado para hacer algunas compras de material necesario para el resto del viaje y reponer la reserva de gas para la cocina. Nos han tratado estupendamente, rellenado los depósitos de agua y dado bastantes consejos que nos serán muy muy útiles de cara a lo que nos espera. Un placer:

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Y ahora tenemos que reponer comida y averiguar cómo salir de esta ciudad, y de paso aprovechar algún rato para cambiar las pastillas de freno, que alguna ya renquea. Así que os dejamos hasta la próxima turistbyrä.

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Noventa días: Atando Cabos en cifras.

Noventa días: Atando Cabos en cifras.

Posted by on jul 1, 2014 in Atando Cabos | 0 comments

A lo largo de un gran viaje las cosas no suelen salir como se espera, así que en lugar de descansar un par de días junto a la playa, como os avanzamos, una convención cristiana llenando los alojamientos de Sundsvall nos ha obligado a parar en un camping junto a… ¡Otro lago! Para los amantes de los fríos números, y aprovechando que la tarde de descanso es larga, os dejamos un pequeño resumen de lo que hasta ahora ha sido, y un avance de lo que le queda por ser, nuestra aventura ciclista:

Países atravesados: 7.
Cambios de moneda: 1. Tardamos tan poco en cruzar Dinamarca que no hizo falta cambiar.
Ciudades visitadas: 20.
Encuentros con la policía en España: 3.
Cervezas despachadas en España: 20 cada uno.
Encuentros con la policía en Francia: 0.
Cervezas despachadas en Francia: 5 cada uno.
Encuentros con la policía en Bélgica: 0.
Cervezas despachadas en Bélgica: 6 cada uno.
Encuentros con la policía en Holanda: 0.
Cervezas despachadas en Holanda: 0.
Encuentros con la policía en Alemania: 0.
Cervezas despachadas en Alemania: 4 cada uno.
Encuentros con la policía en Dinamarca: 0.
Cervezas despachadas en Dinamarca: 2 pintas cada uno.
Encuentros con la policía en Suecia: 0.
Cervezas despachadas en Suecia: 2 cada uno, celebrando primero el cumple de Elvira y los kilómetros recorridos al llegar aquí.
Tabletas de chocolate: una diaria, y alguna de propina en los días de mucha lluvia.

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Pinchazos: 0, tocamos madera.
Averías: reales 2, un cable de cambio y unos cubrezapatillas rotos.
Grullas avistadas: 6.
Erizos avistados: 2.
Zorros avistados: 3.
Gamos, ciervos, corzos y demás familia avistados: montones, en Suecia en grupos de hasta veinte o treinta.
Vacas avistadas: ¿Cientos? ¿Miles? ¿Millones? Seguramente sea el animal más criado en Europa.
Alces avistados: de momento ninguno, a ver si hay suerte.
Osos avistados: de momento ninguno, a ver si hay suerte.
Mosquitos avistados: demasiados, al menos tantos como vacas. No ha habido suerte.
Viajeros con los que hemos charlado: unos 50.
Viajeros hacia Cabo Norte: 4.
Viajeros haciendo nuestro mismo recorrido: 1.

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Bocas abiertas como buzones al saber de nuestra locura: así, a ojo… un buen puñao.
Pregunta más respondida, a veces incluso antes de ser formulada: ¿¿En bici??
Cuestas bajadas: no lo sabemos.
Cuestas subidas: tampoco lo sabemos, pero seguro que el doble de las bajadas.
Velocidad máxima: 78 km/h.
Velocidad mínima, aparte de estando parados: unos 4 o 5 km/h, en alguna cuesta infernal.
Crépes devorados no sin cierta ansia: 6.
Botellas de sidra trasegadas: 1.
Botellas de vino: 5.
Pollos a la brasa: 2.
Botellas de agua compradas: sólo dos, aunque rellenarlas a veces no ha sido fácil.
Cerveza más cara: 2 Mariestad de medio litro a 52 coronas suecas (aproximadamente, 6€) cada una.
Noche más cara: 100€, empate entre la vieja Amsterdam y la dinámica y modernilla Copenhague.
Situaciones absurdas: muchas, pero descubrir justo antes de arrancar que habíamos cargado las alforjas cada uno en la bici del otro se lleva la palma.
Días de lluvia: unos 40.
Días de granizo: sólo un par, pero de los que nos acordaremos siempre…

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Noches en la tienda: 36.
Noches en la tienda, pero en camping: 8.
Noches al raso: 1, en la misma puerta de la megaoficina de turismo de Le Mont Saint Michel.
Noches en casa amiga: 11.
Noches en hotel, albergue, cabaña, etc.: 32
Noches en  el edificio de servicios de un camping: 1, con la tienda montada dentro, para sentirse como en casa.

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Países recorridos sin mapa: uno y medio.
Idioma más hablado: inglés.
Idioma menos hablado: español.
Saludo más simpático: hei hei, en Suecia.
Saludo más parco: un casi imperceptible movimiento de cabeza de los ciclistas belgas.
Rollos de papel higiénico: varios, no preguntéis. Pero ninguno hemos necesitado comprarlo.
Cosa más inútil que hemos traído: un par de flautas, las devolvimos a casa por correo hartos de cargar con ellas.
Tesoros encontrados: 3, una cincha, un montón de bidones y un estupendo martillo sueco, que nos ayuda día tras día a montar la tienda ¡Se acabó el buscar piedras!
Días de descanso: 13.
Kilómetros pedaleados: 5.000

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Y lo que nos queda desde aquí:

Países por atravesar: 2.
Cambios de moneda: si las cosas van bien sólo uno, que Finlandia apenas la rozaremos.
Días de viaje: 34, para estar antes de que se acabe julio en destino.
Horas diarias de luz: 24.
Días de descanso: pocos, nos tememos.
Tabletas de chocolate: bufffff…
Kilómetros por pedalear: a ojo, unos 1.700

Esperamos que saquéis buen provecho de nuestra experiencia y agradecemos los ánimos que día a día, entrada a entrada, nos enviáis ¡Nos vemos en Cabo Norte!

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Cincomil kilómetros: análisis del material.

Posted by on jul 1, 2014 in Atando Cabos | 0 comments

Como la distancia que llevamos recorrida me empieza a parecer significativa, y aprovechando que hemos tenido (¡por fin!) un par de días de perreo casi absoluto, me gustaría hacer algunos comentarios sobre el equipo que hemos ido usando. Qué ha funcionado, qué no lo ha hecho, por qué, soluciones buscadas, etc.

Vestimenta:

Calzado: descartamos los pedales automáticos por ser un gasto más y no considerarlos estrictamente necesarios. Yo sí los he usado habitualmente y son cómodos, pero no los echo de menos. Una vez aclarado esto, ambos empezamos con zapatillas de montaña sin caña, con membrana impermeable y transpirable; fantástico, mientras no llegues al punto en el que la membrana satura y el agua campa a sus anchas alrededor de tus pies. A partir de ahí es bastante complicado secar el calzado dentro de una tienda, aunque el viejo truco del papel de periódico ayuda bastante. A medio viaje me vi obligado a cambiar de zapatos por un agujero en la suela, decidiéndome a probar un cambio de estrategia: zapatilla hiperventilada y calcetín ligero, si te mojas… ya te secarás con tu propio calor. Funciona mejor caminando que en bici, pero al menos por las noches son más fáciles de secar. Si hace frío, me pondré los cubrezapatillas.

Ropa de agua: aquí rige un poco lo mismo que para el calzado, o te mantienes seco y ya secarás la ropa, o te mojas y ya te secarás tú. Llevamos chaqueta ligera de montaña, pantalón de agua y cubrezapatillas (estos sí, específicos de ciclismo, pero dos tallas más grandes para que quepa el calzado de monte). Si no hace mucho frío y hay chubascos intermitentes generalmente nos ponemos la chaqueta y dejamos que se nos mojen los pantalones, pero eso puede llevar a mojarse los calcetines, y con ellos el interior de las botas, así que a poco constante que sea el agua nos ponemos el traje de astronauta.

Ropa de pedaleo: al igual que con el calzado, tampoco consideramos necesaria la ropa específica de ciclismo, lo que ha sido un acierto, pues el culo nos duele lo justo y no vamos disfrazados a la hora de, por ejemplo, entrar en el supermercado o la oficina de turismo.

Ropa de abrigo: de momento no hemos tenido necesidad de usar más allá de un forro ligero, habrá que actualizar cuando acabemos el viaje.

Pijama: jamás había usado un pijama dentro de un saco de dormir. La idea la tomamos del libro escrito por los amigos de Rodadas y para ir caminando yo no cargaría jamás con él, pero en la bici el peso se nota menos y la comodidad que una camiseta y unas mallas holgadas de algodón, del tipo de las que se venden para hacer yoga, es inestimable cuando llegas a casa.

Refugio:

– Tienda: quizá el mayor fracaso en toda la planificación y selección del equipo. La MSR Hubba Hubba con la que comenzamos el viaje resultó ser excelente: ligera, fácil de montar y desmontar, una calidad estupenda… Pero muy pequeña para dos personas con seis alforjas cada una. A mitad del viaje fue necesario sustituirla por algo más grande, con un buen avance donde guardar el equipaje, cambiarse la ropa por otra seca, cocinar, etc. en caso de lluvia constante. La Hilleberg Nallo3 GT es cara, pero se está mostrando el arma definitiva a la hora de ahorrar en alojamientos (con diferencia, lo más caro cuando vas de viaje).

– Cama (aislante, almohada y saco): probablemente el acierto más grande del viaje haya sido invertir (odioso eufemismo) en el aislante Therm’a’rest Neo Air; seis centímetros de colchón calentito debajo de ti, por apenas cuatrocientos gramos de peso que arrastrar, bien merecen el gasto; se rumorea que se pinchan, pero llevando un mínimo de cuidado no nos han dado problemas. Las almohadas las compramos baratamente (Decartón, ya sabéis) y una de ellas falló de manera irreparable en Alemania; la cambiamos por una Exped del mismo tamaño y la cuarta parte de bulto y peso que no ha roto ni tiene pinta de ir a hacerlo. Los sacos de momento abrigan lo suficiente, aunque el que yo llevo (Marmot Atom) pierde bastante con la humedad. La noche más fría, junto al Canal de Nantes a Brest, resistí sin mucho dolor 4°C dentro de la tienda (que ya es fresquito, ya…), pero si vemos que hace más frío siempre puedo dormir con más ropa.

– Cocina: un clásico, dos hornillos de gas y un juego de cacerolas ligeras. Nada que objetar. No ha habido dificultades para encontrar cartuchos de gas y tener dos fuegos es práctico: haces un sofrito mientras cueces pasta o arroz (ya haremos un número especial con recetas viajeras). El mejor descubrimiento ha sido meter el aceite de oliva en una botella de agua mineral: no se sale nada. La carga menos usada en este aspecto han sido un par de platos de aluminio, que acabamos mandando de vuelta a casa: comemos los dos de la olla y… ¡menos cosas que fregar!

Vehículo:

– La bici: la Crossrip me pareció perfecta en su día sobre el papel, me volvió a parecer casi perfecta cuando la tuve debajo del culo y después del trote me sigue pareciendo una muy buena máquina (diría que mejor de lo que esperaba, pero prefiero esperar al final del viaje, no vaya a ser que la gafe). Es una bicicleta  polivalente, pero ante todo es cómoda, una burra en la que puedes echar horas sin resentirte, aunque para viajar yo le pondría un sillín más mullido. Los cambios Shimano Sora van perfectos, dentro de su nivel (vamos, siempre que no haya agua, pero creo que eso se podría arreglar con cables y fundas mejores), aunque las bielas FSA que los acompañan hay que reapretarlas cada par de semanas. Y los frenos de disco Hayes, con accionamiento mecánico y muy sencillos de reajustar según se gastan las pastillas, tienen buen tacto, potencia de sobra y nunca nos han dado problemas de sobrecalentamiento, incluso con toda la carga que llevamos, aunque el ruido de huevos friéndose no es muy tranquilizador; más grave es su falta de mordiente al inicio de la frenada, pero aún así, muy a gusto los cambio por unos típicos frenos de herradura sabiendo que haga el tiempo que haga su eficacia será siempre la misma. El aspecto más ferozmente criticado por mi desde el principio, las ruedas de manufactura china con marca Bontrager, llevan encima una paliza considerable sin descentrarse ni romper un sólo radio; toco madera, porque los aros no llevan ojales de acero inoxidable y las cabecillas, una vez adherido el polvo de la carretera, no giran con facilidad: en caso de avería nos las podemos ver bien chungas. También llevo el núcleo de la Robusta crujiendo desde Holanda, pero por el momento sólo cruje y no rompe, espero que siga así. Mención especial para los guardabarros NCS de Bontrager: los primeros, armados con tornillos, apenas me duraron mil kilómetros; cambiados en garantía antes de salir de viaje por un modelo igual, pero armado con remaches, llevan una leña descomunal sin tacha alguna.

– Portabultos: ni una sola pega para los Tubus, de una robustez asombrosa.

– Alforjas: las Ortlieb Roller Classic han respondido también a la perfección. Si nos leéis habitualmente ya sabréis que una de ellas sufrió la rotura de una correa antes incluso de dar una pedalada, pero no ha resultado grave y esperamos que la garantía la cubra a la vuelta. Es cierto que la bolsa del manillar, una Ultimate 6, en la que llevo la cámara, el móvil y demás, cogió humedad un día; pero fue un día de lluvia infernal en el que una esquina de la gorra, que meto ahí cuando no la uso, sobresalía, mojándose casi entera por capilaridad. Hemos dejado todo el equipo a la intemperie en noches de lluvia con la más absoluta tranquilidad. Igualmente, los anclajes funcionan de mil maravillas, y el día que nos caímos vi alguno retorcido muy malamente, pero nada se rompió. De momento, un 10 en resistencia e impermeabilidad. Igualmente, la bolsa trasera Rack Pack nos hace un servicio excelente, permitiendo llevar seca no sólo el material de dormir bien seco, sino a veces alguna barra de pan que no cabe en las alforjas, periódicos viejos para secar el calzado, espirales contra los mosquitos y mil pequeñeces más que de otra manera no tendríamos donde meter.

Y esto es todo, amigos. Esperamos que nuestra experiencia sea útil para aquellos de vosotros (ojalá muchos) que empujados por nuestra pequeña aventura os decidáis a emprender un gran viaje.

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Día 88: Bollnäs, Suecia.

Día 88: Bollnäs, Suecia.

Posted by on jun 26, 2014 in Atando Cabos | 5 comments

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A dos días de alcanzar la costa del Báltico, esperamos, nos hallamos exhaustos en Bollnäs. Está siendo una semana dura: físicamente, por las cuestas y por las carreteras de grava (algunas en obras) suecas; y la lluvia, el viento o el granizo, por no hablar de los dichosos mosquitos a la hora de acampar, no ayudan precisamente a sobrellevar el mal tiempo. Quizá nos hayáis echado un poco de menos, pero en el camino que traíamos no había manera de conectarse un rato. Esperamos tenerlo más fácil a lo largo de la costa, pero a partir de Haparanda es posible que sea aún más difícil.

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Día 82: seguimos en Rosendal.

Día 82: seguimos en Rosendal.

Posted by on jun 20, 2014 in Atando Cabos | 4 comments

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Y es que al final aquí (parece que hay bastantes “Rosendal” en el mapa de Escandinavia) nos han hecho hueco para una segunda noche, con lo que hemos podido desconectar un poco de la bici… ¡Y disfrutar del lago en canoa! Como podéis imaginar, semejante hecho se merece, por sí solo, una entrada con un par de fotos para daros envidia ¿Mosquitos? Bueno, sí, alguno hay, pero en momentos así ¿A quién le importan?

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Desde que entramos en la región de los grandes lagos hemos visto canoas y kayaks encima de coches, furgonetas, autocaravanas… Llevamos una semana soñando con una ruta de varios días recorriendo el Vättern con todo el equipo, comida, tienda y demás, debajo del asiento de una buena canadiense, de playa en playa; esto nos ha matado un poco el gusanillo, sí, pero la ambición nos puede, y quizá esta sea la famosa excusa para volver, en este caso a Suecia.

Mañana abandonamos ya la comodidad de la cabaña, y con la ropa lavada y las alforjas bien llenas de víveres, partiremos hacia la costa del Báltico, que esperamos alcanzar en unos cuatro días. Ayer llegamos algo cansados y los 2.000 kilómetros que nos separan de nuestro objetivo se nos hacían cuesta arriba, pero con las fuerzas renovadas lo cierto es que cada vez vemos más cerca el sol de medianoche.

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