Cincomil kilómetros: análisis del material.

Como la distancia que llevamos recorrida me empieza a parecer significativa, y aprovechando que hemos tenido (¡por fin!) un par de días de perreo casi absoluto, me gustaría hacer algunos comentarios sobre el equipo que hemos ido usando. Qué ha funcionado, qué no lo ha hecho, por qué, soluciones buscadas, etc.

Vestimenta:

Calzado: descartamos los pedales automáticos por ser un gasto más y no considerarlos estrictamente necesarios. Yo sí los he usado habitualmente y son cómodos, pero no los echo de menos. Una vez aclarado esto, ambos empezamos con zapatillas de montaña sin caña, con membrana impermeable y transpirable; fantástico, mientras no llegues al punto en el que la membrana satura y el agua campa a sus anchas alrededor de tus pies. A partir de ahí es bastante complicado secar el calzado dentro de una tienda, aunque el viejo truco del papel de periódico ayuda bastante. A medio viaje me vi obligado a cambiar de zapatos por un agujero en la suela, decidiéndome a probar un cambio de estrategia: zapatilla hiperventilada y calcetín ligero, si te mojas… ya te secarás con tu propio calor. Funciona mejor caminando que en bici, pero al menos por las noches son más fáciles de secar. Si hace frío, me pondré los cubrezapatillas.

Ropa de agua: aquí rige un poco lo mismo que para el calzado, o te mantienes seco y ya secarás la ropa, o te mojas y ya te secarás tú. Llevamos chaqueta ligera de montaña, pantalón de agua y cubrezapatillas (estos sí, específicos de ciclismo, pero dos tallas más grandes para que quepa el calzado de monte). Si no hace mucho frío y hay chubascos intermitentes generalmente nos ponemos la chaqueta y dejamos que se nos mojen los pantalones, pero eso puede llevar a mojarse los calcetines, y con ellos el interior de las botas, así que a poco constante que sea el agua nos ponemos el traje de astronauta.

Ropa de pedaleo: al igual que con el calzado, tampoco consideramos necesaria la ropa específica de ciclismo, lo que ha sido un acierto, pues el culo nos duele lo justo y no vamos disfrazados a la hora de, por ejemplo, entrar en el supermercado o la oficina de turismo.

Ropa de abrigo: de momento no hemos tenido necesidad de usar más allá de un forro ligero, habrá que actualizar cuando acabemos el viaje.

Pijama: jamás había usado un pijama dentro de un saco de dormir. La idea la tomamos del libro escrito por los amigos de Rodadas y para ir caminando yo no cargaría jamás con él, pero en la bici el peso se nota menos y la comodidad que una camiseta y unas mallas holgadas de algodón, del tipo de las que se venden para hacer yoga, es inestimable cuando llegas a casa.

Refugio:

– Tienda: quizá el mayor fracaso en toda la planificación y selección del equipo. La MSR Hubba Hubba con la que comenzamos el viaje resultó ser excelente: ligera, fácil de montar y desmontar, una calidad estupenda… Pero muy pequeña para dos personas con seis alforjas cada una. A mitad del viaje fue necesario sustituirla por algo más grande, con un buen avance donde guardar el equipaje, cambiarse la ropa por otra seca, cocinar, etc. en caso de lluvia constante. La Hilleberg Nallo3 GT es cara, pero se está mostrando el arma definitiva a la hora de ahorrar en alojamientos (con diferencia, lo más caro cuando vas de viaje).

– Cama (aislante, almohada y saco): probablemente el acierto más grande del viaje haya sido invertir (odioso eufemismo) en el aislante Therm’a’rest Neo Air; seis centímetros de colchón calentito debajo de ti, por apenas cuatrocientos gramos de peso que arrastrar, bien merecen el gasto; se rumorea que se pinchan, pero llevando un mínimo de cuidado no nos han dado problemas. Las almohadas las compramos baratamente (Decartón, ya sabéis) y una de ellas falló de manera irreparable en Alemania; la cambiamos por una Exped del mismo tamaño y la cuarta parte de bulto y peso que no ha roto ni tiene pinta de ir a hacerlo. Los sacos de momento abrigan lo suficiente, aunque el que yo llevo (Marmot Atom) pierde bastante con la humedad. La noche más fría, junto al Canal de Nantes a Brest, resistí sin mucho dolor 4°C dentro de la tienda (que ya es fresquito, ya…), pero si vemos que hace más frío siempre puedo dormir con más ropa.

– Cocina: un clásico, dos hornillos de gas y un juego de cacerolas ligeras. Nada que objetar. No ha habido dificultades para encontrar cartuchos de gas y tener dos fuegos es práctico: haces un sofrito mientras cueces pasta o arroz (ya haremos un número especial con recetas viajeras). El mejor descubrimiento ha sido meter el aceite de oliva en una botella de agua mineral: no se sale nada. La carga menos usada en este aspecto han sido un par de platos de aluminio, que acabamos mandando de vuelta a casa: comemos los dos de la olla y… ¡menos cosas que fregar!

Vehículo:

– La bici: la Crossrip me pareció perfecta en su día sobre el papel, me volvió a parecer casi perfecta cuando la tuve debajo del culo y después del trote me sigue pareciendo una muy buena máquina (diría que mejor de lo que esperaba, pero prefiero esperar al final del viaje, no vaya a ser que la gafe). Es una bicicleta  polivalente, pero ante todo es cómoda, una burra en la que puedes echar horas sin resentirte, aunque para viajar yo le pondría un sillín más mullido. Los cambios Shimano Sora van perfectos, dentro de su nivel (vamos, siempre que no haya agua, pero creo que eso se podría arreglar con cables y fundas mejores), aunque las bielas FSA que los acompañan hay que reapretarlas cada par de semanas. Y los frenos de disco Hayes, con accionamiento mecánico y muy sencillos de reajustar según se gastan las pastillas, tienen buen tacto, potencia de sobra y nunca nos han dado problemas de sobrecalentamiento, incluso con toda la carga que llevamos, aunque el ruido de huevos friéndose no es muy tranquilizador; más grave es su falta de mordiente al inicio de la frenada, pero aún así, muy a gusto los cambio por unos típicos frenos de herradura sabiendo que haga el tiempo que haga su eficacia será siempre la misma. El aspecto más ferozmente criticado por mi desde el principio, las ruedas de manufactura china con marca Bontrager, llevan encima una paliza considerable sin descentrarse ni romper un sólo radio; toco madera, porque los aros no llevan ojales de acero inoxidable y las cabecillas, una vez adherido el polvo de la carretera, no giran con facilidad: en caso de avería nos las podemos ver bien chungas. También llevo el núcleo de la Robusta crujiendo desde Holanda, pero por el momento sólo cruje y no rompe, espero que siga así. Mención especial para los guardabarros NCS de Bontrager: los primeros, armados con tornillos, apenas me duraron mil kilómetros; cambiados en garantía antes de salir de viaje por un modelo igual, pero armado con remaches, llevan una leña descomunal sin tacha alguna.

– Portabultos: ni una sola pega para los Tubus, de una robustez asombrosa.

– Alforjas: las Ortlieb Roller Classic han respondido también a la perfección. Si nos leéis habitualmente ya sabréis que una de ellas sufrió la rotura de una correa antes incluso de dar una pedalada, pero no ha resultado grave y esperamos que la garantía la cubra a la vuelta. Es cierto que la bolsa del manillar, una Ultimate 6, en la que llevo la cámara, el móvil y demás, cogió humedad un día; pero fue un día de lluvia infernal en el que una esquina de la gorra, que meto ahí cuando no la uso, sobresalía, mojándose casi entera por capilaridad. Hemos dejado todo el equipo a la intemperie en noches de lluvia con la más absoluta tranquilidad. Igualmente, los anclajes funcionan de mil maravillas, y el día que nos caímos vi alguno retorcido muy malamente, pero nada se rompió. De momento, un 10 en resistencia e impermeabilidad. Igualmente, la bolsa trasera Rack Pack nos hace un servicio excelente, permitiendo llevar seca no sólo el material de dormir bien seco, sino a veces alguna barra de pan que no cabe en las alforjas, periódicos viejos para secar el calzado, espirales contra los mosquitos y mil pequeñeces más que de otra manera no tendríamos donde meter.

Y esto es todo, amigos. Esperamos que nuestra experiencia sea útil para aquellos de vosotros (ojalá muchos) que empujados por nuestra pequeña aventura os decidáis a emprender un gran viaje.

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